Arraigar la Esperanza
por María Laura Gomez
En estos tiempos sombríos andamos esta Tierra Bendita
con un paso a veces lento, a veces arrastrando los pies,
pero sin detenernos,
como náufragos en suelo seco
buscando dónde arraigar la Esperanza.
No es posible seguir caminando a tientas.
La fortaleza debe brotar de algún lugar,
pero ese lugar se vuelve lejano e invisible,
ante las voces tenebrosas —no tantas,
pero tenebrosas y fuertes—
de quienes agigantan el mal.
Entonces se vuelve imperativo creer.
Creer en el bien y en las vidas entregadas,
en las voces amorosas y en las manos que sostienen,
en el juego de la infancia que defiende la alegría,
en las mujeres que resisten aunque el mundo les pese doble,
en los pobres que no se rinden aunque todo conspire,
en los que tienen poco y dan mucho,
en los mayores que, habiendo dado todo,
todavía guardan un abrigo en el bolsillo
para el que viene llegando.
¿Cómo seguir ante este vendaval? - nos preguntamos.
Con un poco de coraje y mucha terquedad,
o viceversa.
Con mucha memoria y enormes sueños.
Nunca en soledad, siempre en Comunidad.
Porque hay que arraigar la Esperanza
en los sueños,
pero también en el suelo firme de la historia
y de las vidas concretas,
haciendo memoria.
Por eso... Esperanza.
Porque esta Tierra que pisamos
aún guarda semillas del mundo que queremos
y, entre todos, haremos germinar.
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